domingo, 12 de junio de 2016

Concierto el 10 de Junio en el CPM "María de Molina" de Úbeda Victoria Castiñeira(violín) Óscar Prados(piano)


-Sonata op.1 nº3 de G.F.Haendel -Sonata kv 301 de W.A. Mozart -Mythos op.30 de K.Szymanowski(La fontaine de Arethuse, Narciso, Dryades et Pan) Notas al programa: El Op. 1 de Haendel, publicado hacia 1730, está formado por doce sonatas para instrumento a solo con acompañamiento de bajo continuo, incluyendo sonatas para flauta de pico, traverso, oboe y violín, y recopilando obras que Haendel había compuesto a lo largo de al menos dos décadas. La Sonata para violín y continuo en La mayor, op. 1 nº 3, sigue el esquema de la barroca sonata da chiesa, con cuatro movimientos (lento-rápido-lento-rápido). Los tempi rápidos se ven dominados por un fuerte componente imitativo (el segundo movimiento) y el carácter de danza (el cuarto), mientras que los lentos actúan como preparaciones de carácter lírico que, tras una semicadencia, dan paso a los movimientos rápidos que los siguen. Mozart había cumplido veintidós años cuando su Sonata KV 301 (293a en la sexta edición del catálogo de Köchel) apareció publicada junto a otras cinco en la editorial de Jean-Georges Sieber en París. Este conjunto de seis sonatas llevaría en la portada la anotación de Opus 1, al igual que las sonatas de Haendel arriba mencionadas. Siguiendo la costumbre de la época, Mozart pensó en un principio que se tratara de una Sonata para piano con acompañamiento de violín o flauta, pero finalmente desechó la idea de escribir una parte alternativa para flauta. Compuesta a comienzos de 1778 durante el largo viaje de Mannheim a París que Mozart realizó en esas fechas, consta de dos movimientos: un allegro inicial que presenta la habitual forma de sonata y un rondó para el segundo movimiento, siendo ambos claras muestras de la primera -y temprana- madurez compositiva de su autor. Karol Szymanowski escribió sus Mitos (Tres poemas para violín y piano), op. 30 en la primavera de 1915. Según comunicó a su editor entonces, Emil Hertzka, se trataba de su obra preferida hasta la fecha. En ella se plasma una variada acumulación de técnicas interpretativas que se unen a un melodismo infrecuente y a una armonía muy sofisticada. Al igual que en sus dos Conciertos para violín y orquesta, para la preparación de la parte de violín Szymanowski contó con la ayuda de Pawel Kochanski (violinista de altura a quien debemos, entre otras, las transcripciones para violín y piano de las Siete canciones populares españolas de Falla), creando una muy exigente y brillante escritura para violín, cargada de armónicos, glissandi, trinos, dobles cuerdas (recurriendo incluso a los cuartos de tono en la tercera pieza) y que explota ampliamente el registro agudo del instrumento. La parte pianística va mucho más allá de un mero acompañamiento, ofreciendo texturas y armonías complejas que se integran plenamente en la paleta de colores y sombras que se despliega en el violín en las tres piezas del ciclo. Apasionado de la mitología, especialmente de los mitos de la Antigua Grecia, Szymanowski recurre a tres imágenes como inspiración para configurar el tríptico. La fuente de Aretusa, evoca el mito que narra cómo Aretusa, ninfa cazadora al servicio de la diosa Artemisa, escapa de las pretensiones del dios-río Alfeo, consiguiéndolo gracias a la ayuda de la misma Artemisa, quien la convierte en manantial (según la leyenda, actualmente este manantial aún se encuentra activo cerca de Siracusa, en Sicilia); Narciso se apoya en la conocida leyenda del joven que se enamora de su propio reflejo en el agua, y Dríades y Pan vuela hacia las imágenes del semidiós Pan (cuya flauta puede oírse a lo lejos imitada por los armónicos naturales del violín) persiguiendo a las dríades, ninfas de los bosques.

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